15 junio, 2021
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A 100 años de la prohibición, podemos dar cuenta de los resultados que estas políticas han traído. Estadísticas, datos, noticias y la creciente ola de violencia en México nos afecta a todos, son sólo algunos de los testigos sobre los daños directos e indirectos que la política prohibicionista ha dejado en el mundo.

Creando prohibición se pretendía erradicar el consumo y preservar lo que los higienistas de principios del siglo pasado llamaban, “la pureza de la raza”. Esta postura higienista, veía los vicios y la embriaguez como estados indeseables de la conciencia y la razón.


A pesar de las ideas higienistas sobre la pureza de la raza, es extraño notar que la cannabis fue la primera en entrar a una extensa lista de sustancias prohibidas. Tiempo antes que otras drogas o sustancias que sí implican verdaderos riesgos a la salud y a la población, como la cocaína o la heroína, la cannabis tiene el estandarte, de encabezar la lista negra de la lucha antidrogas, como el enemigo público número uno de la sociedad.

Siendo la cannabis una planta ancestral, muchos pueblos, culturas y civilizaciones, han incorporado su uso de manera tradicional, ya sea para uso ritual o para usos domésticos o de construcción, pero esto no fue impedimento para que la planta estuviera en la mira de las campañas antinarcóticos a nivel mundial en el siglo pasado.

Tras una fuerte campaña propagandística iniciada en los años 30´s, impulsada por el imperialismo norteamericano a través de su recién creada Oficina Federal de Narcóticos, la marihuana fue declarada ilegal paulatinamente, a lo largo y ancho del globo en la convención única de estupefacientes de la ONU firmada en 1961. Dicha campaña propagandística incluyó películas, posters, programas de radio, y la detención de todo consumidor que encontraran, apelando además a la criminalización del consumidor, que convenientemente coincidía con los estratos socioeconómicos más bajos. Negros, mexicanos e inmigrantes en general, así como pobres, sufrieron los embates de la campaña. Justificando así el actuar de las autoridades y llevando a la ciudadanía a exigir una prohibición por parte de los legisladores.

Sin importar las campañas propagandísticas, las políticas prohibicionistas, y las campañas de salud para erradicar el consumo, la población continuó consumiendo cannabis, con distintos fines y de distintas maneras, pero el consumo no se detuvo, al contrario, aumentó.

 

Datos de consumo

De acuerdo a datos de la Secretaría de Salud, la Marihuana es la droga ilegal de mayor uso en México y la que presentó incrementos estadísticamente significativos, su prevalencia de uso en el último año, en población de 12 a 17 años aumentó de 1.3% a 2.6% entre 2011 y 2016.

 

Datos prohibición

Las drogas, bajo el paradigma prohibicionista, se ubican en condiciones de oscuridad, clandestinidad, ilegalidad y criminalización. Con los encarcelamientos injustos y masivos se alimenta un sistema carcelario ya saturado, lo que es otro factor de la reproducción criminal. Se violan derechos humanos y se imponen barreras a las libertades individuales.

Entre algunas de las consecuencias negativas del modelo prohibicionista, destacamos tres que son:

  • Crimen, porque al no atender las necesidades de los consumidores en un marco legal regulatorio se abre espacio para un mercado sumergido en la ilegalidad, dando poder a grupos criminales.
  • Corrupción, porque es delincuencia organizada y la delincuencia organizada es corrupción.
  • Violación de derechos humanos, porque se prioriza la guerra contra el narco antes que la atención a los derechos de los consumidores.

Según el OMD (Observatorio Mexicano de Drogas) y de acuerdo con datos proporcionados por la Oficina Nacional de Políticas de Drogas, la incautación de cannabis de diciembre de 2012 a junio de 2018 fue de 4,631 toneladas. En 2015 se registró la mayor cantidad de aseguramiento de marihuana con 1,296 toneladas. El problema del narcotráfico es creado y alimentado precisamente por la política prohibicionista.

Entre diciembre de 2006 y enero de 2012 se estima que han muerto alrededor de 60.000 personas mediante ejecuciones, enfrentamientos entre bandas rivales y agresiones a la autoridad​​. Este número de víctimas engloba a narcotraficantes, efectivos de los cuerpos de seguridad y civiles.

 

Víctimas

Los afectados por las políticas prohibicionistas, terminan siendo las poblaciones más vulneradas y los consumidores, que ven violados sus derechos. Con la criminalización de los consumidores, la sociedad ha sufrido un desmantelamiento del tejido social, pues se promueven ideas que relacionan a los consumidores con el crimen organizado y la ola de violencia en el país. 

Los datos que sustentan la prohibición, bien pueden leerse desde otras perspectivas menos tendenciosas, como el gran número de detenciones relacionadas al narcomenudeo, pues es bien sabido que dichos números y datos corresponden a consumidores que por como está estipulado en la ley, caen en los parámetros necesarios para ser fichados como narcomenudistas, cuando en realidad son solo consumidores inocentes. Los consumidores corren riesgos al exponerse a ser detenidos y encarcelados, riesgos que comprometen su integridad y el respeto a sus derechos, todo por las políticas prohibicionistas.

Otro sector vulnerable que es víctima de la prohibición, es el campo. Años en el olvido y sin recibir apoyos, miles de familias de campesinos se ven en la necesidad de buscar otras formas de sobrevivir, y las encuentran en la ilegalidad, en los cultivos ilícitos. Actividad que más que enriquecerlos, les ayuda a sobrevivir en un país que los ha olvidado y abandonado a su suerte. Son víctimas de Estado, pues ha sido el estado quien les ha fallado, quién los ha obligado a exponer sus vidas en la encrucijada que resulta ser asesinado por el narco, detenido por militares o morir de hambre.

El campo mexicano

En el particular caso mexicano, donde el campo lleva años en el olvido, y los apoyos gubernamentales no llegan a donde se necesitan, los campesinos terminan siendo un grupo doblemente vulnerado y representan el eslabón más débil en la cadena del crimen. Por un lado, al no recibir apoyos del gobierno, el campesino se ve obligado a buscar formas alternas de generar ingresos y llevar sustento al hogar. Las opciones se ven limitadas a trabajar para el narcotráfico como jornalero o rentar sus tierras para cultivos ilícitos así como resguardar el plantío.

Según datos de la Secretaría de la Defensa Nacional, anualmente unas 300,000 personas se dedican a sembrar droga. Marihuana y amapola son los cultivos más frecuentes de los grupos delictivos en el país. Dichos grupos operan de varias maneras, algunos llegan en grupos armados a las comunidades campesinas indígenas de las sierras de Guerrero, Oaxaca, Michoacán y Chiapas principalmente, sobre todo en las épocas de Abril a Noviembre que es cuando se necesitan más mano de obra para la cosecha. Estos grupos armados llegan con la promesa de que les van a pagar bien y muchos aceptan. Se gana 10 veces más en los cultivos ilícitos que en los cultivos legales, razón por la cual trabajar como jornalero para el narco, resulta bastante atractivo para los jóvenes de comunidades indígenas, los cuales se enteran de que cosecharán amapola y marihuana hasta que llegan al lugar.

A los que rentan sus tierras para estos cultivos, no les queda otra opción ya que es trabajar para el narco, o perder la vida defendiendo sus tierras que al final serán usadas por el narco. Lo más agravante de la situación es que cuando se realizan acciones militares para detener estos cultivos, son los indígenas campesinos los primeros en ser detenidos. Muchos de ellos enfrentan condenas de muchos años por trabajar la tierra con cultivos ilegales, obligados por el narcotráfico, el crimen organizado y la necesidad.. 

Es la misma prohibición y la falta de apoyos y oportunidades para comunidades campesinas, lo que los deja sin opciones y orillados a trabajar en la ilegalidad. Sometidos por el yugo de un gobierno que los ha abandonado por años y los embates de un cada vez más violento y voraz crimen organizado.

Debemos entender que solo son campesinos que no hacen nada malo, más que dedicarse a lo que le enseñaron sus padres y lo que ha hecho en su vida, trabajar la tierra. Es necesario legalizar la marihuana para acabar con la persecución, pero no hay que perder de vista que dicha legalización debe beneficiar directamente a los campesinos y el campo mexicano.

La regulación planteada por el senado, favorece a grandes empresas multinacionales, que solo aprovecharán el campo mexicano para aumentar su capital explotando nuestros recursos, mano de obra y a nuestros campesinos. El idioma, la falta de recursos, y la situación irregular de sus tierras son algunos de los obstáculos que enfrentarán los campesinos indígenas que quieran ajustarse a la regulación.

El campo mexicano, debería ser motor del crecimiento nacional, no víctimas forzadas de violencia institucional y criminal. Una regulación sobre el uso de estupefacientes es necesaria para impulsar el campo mexicano desde la legalidad, y empoderar a los campesinos es pieza clave para el desarrollo y crecimiento nacional.

En la naciente industria cannábica, se vislumbra un futuro prometedor para el país, siempre y cuando nuestros gobernantes y legisladores hagan bien su trabajo. México, apunta para ser potencia mundial en la industria cannábica por las condiciones territoriales, geográficas y climáticas que tenemos, pero es labor de los legisladores apuntar hacia una regulación que de verdad favorezca al país, a los consumidores, a los campesinos y a todos los mexicanos que busquen beneficiarse de la planta y no a multinacionales, no a intereses personales, no a vender nuestra tierra y lo que produce, no de nuevo. Nuestra parte es estar atentos a las decisiones que toman, actuar desde la legalidad y el respeto a derechos humanos, exigir una regulación justa para todos, pero sobre todo para México, ya nos toca.

 

Afiliate al Club y ayúdanos a continuar con la correcta legalización de Cannabis en México que debe ser en beneficio de los consumidores y productores nacionales.

 

Si la Marihuana es libertad, su regulación también debe serlo.

 

 

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